Se acabaron los cuentos de hadas. Ni príncipes ni princesas

bmowi4lfpCuando pensamos en el llamado amor romántico… ¿Qué es lo que pensamos? O mejor dicho, ¿qué construcción socio-cultural impositiva hemos aceptado como ‘lo normal’, ‘lo natural’ o ‘lo cotidiano’? Antes de ‘queer’izarnos tanto, me gustaría que reflexionásemos que el activismo como tal (sin mayores etiquetas) siempre nos favorece y nos fomentará una insumisión y un inconformismo más que necesario en (casi) todos los ámbitos de nuestras existencias individuales y colectivas. Evidentemente, la construcción de lo que llamamos ‘amor romántico’ no iba a ser diferente.

¿Cuáles son nuestras primeras referencias sobre cómo debe construirse el amor? Siempre puede haber familias ‘disidentes’ que hayan educado a sus hijxs de otra forma, pero desde mi punto de vista, las primeras historias que involucran el amor son las de Walt Disney. ¿Qué podemos sacar de éstas? Evidentemente son muy diversas y podemos extraer muchos significados, constructos y enseñanzas de cada una de ellas, pero así mismo, encontramos ciertos patrones que se repiten de forma constante. Igualmente, hay ciertas excepciones en las películas de Walt Disney como son Frozen, Brave o algunos aspectos de Mulán, pero podréis estar de acuerdo conmigo cuando digo que:

1. El ‘amor’ se encuentra de una forma inesperada y de alguien (en ocasiones) inalcanzable o poco probable.
2. El ‘amor’ SIEMPRE, en el 100% de las ocasiones, es heterosexual, cisexual y cisgénero. Si hay diversidad en las identidades de lxs involucradxs, no se visibiliza en ningún momento.
3. Hay figuras totalmente contrapuestas: personas extremadamente bondadosas o personas extremadamente malvadas.
4. La figura femenina siempre se muestra como una identidad débil, sin poder, blanda, algo que debe ser protegido, que necesita de otra ‘figura’ externa para su propia supervivencia.
5. La figura masculina siempre se muestra como una identidad fuerte, poderosa (e impositiva), la figura protectora de lo propio frente a lo ajeno, la que debe ser cabeza de familia y ‘cuidar de todxs’.
6. Ser fuerte, tener poder, ser protector o protegidx… Siempre se demuestra en relación a lxs demás (jerarquía) y generalmente de forma violenta (no tiene por qué ser física, puede ser simbólica).
7. La pareja que se ‘enamora’ sin remedio alguno, siempre consta de dos partes que se contraponen: figura femenina y masculina, macho y hembra, débil y fuerte, protegida y protector… Sin olvidar que siempre son únicamente dos personas.

tintinActualmente, casi todo en nuestra sociedad está predefinido e impuesto para perpetuar la famosa ‘tradición’. Tal y como comprobamos progresivamente, toda disidencia de los dictados sociales es discriminada, vejada y aún perseguida como ‘anormal’ o ‘antinatural’. ¿Dónde están los referentes de las parejas no normativas y de la diversidad afectivo-sexual y de género? Aunque sea desviarse ligeramente del tema, recordando también la diversidad familiar (familias homoparentales o monoparentales), éstas pueden desarrollarse plenamente con sus posibilidades y sus limitaciones, pero es la sociedad quien crea un sentimiento de carencia y/o necesidad (¿Dónde está el padre y la madre en una familia homoparental? ¿Qué referente le falta a la descendencia en una familia monoparental?). Pero volviendo al tema sobre el que tratamos de reflexionar, la propia tradición que seguimos arrastrando a través de la historia está fuertemente vinculada a las discriminaciones, a los prejuicios y a los constructos sociales.

Aunque estemos reflexionando de parejas y de familias, no dejamos de tener incrustado en nuestro subconsciente una imagen predefinida del ‘amor’ que debe impregnar a estas personas, con sus identidades y sus existencias normativizadas. Pero… ¿Qué implica la normatividad de nuestro amor tal y como lo conocemos? Según lo que nos transmite la sociedad, una mujer debe ser femenina, débil, dependiente… Si ella no es así, significará que es o una machorra lesbiana o bisexual (siempre en sentido peyorativo). Igualmente en el hombre, si no es viril y/o masculino, fuerte y protector será un ‘maricón’ (entre otras cosas, la visibilidad bisexual masculina sigue siendo muy pequeña).

También se nos exige, se nos transmite, se nos educa en un sentimiento permanente de estar incompletos, de búsqueda de la ‘media naranja’. En mi opinión, mediante los diferentes activismos que podemos llevar a cabo, podremos reforzar el sentimiento de seguridad en nosotrxs mismxs, el refuerzo de nuestras etiquetas (o la falta de) y nuestras identidades, ser unx mismx sin miedo. ¿Quién nos obliga a dejar de ser una naranja completa? ¿Y si somos o queremos ser un kiwi o un tomate? ¿Por qué no íbamos a poder ser felices en la soltería o en la promiscuidad, incluso en la diversidad relacional (como el poliamor)????????????????????????????????????????????????????????????????

Reflexionando sobre la monogamia, y cediendo (momentaneamente) a la dicotomía impuesta por la sociedad [hombre/mujer], ¿Cómo contemplamos la no normatividad amorosa desde estos dos géneros? Cuando un hombre liga, tiene relaciones sexuales, o más coloquialmente ‘se folla’ a una mujer, es calificado de semental, de ‘ejemplo de hombre’ o de viril (siempre de carácter positivo). Cuando una mujer liga, tiene relaciones sexuales, o más coloquialmente ‘se folla’ a un hombre, es calificada de puta o putón verbenero, de confusa, anti-ética o desvergonzada. ¿Acaso conocer tu cuerpo y disfrutar de él, independientemente de tu orientación sexual e identidad de género es malo? Evidentemente no. Entonces, ¿por qué se nos imponen los tabúes, el miedo y la vergüenza de las relaciones sexuales?

Existen a día de hoy muchas personas y muy diversas que reivindican nuevas formas de amar, nuevas formas de relacionarse (sexualmente o no)… No deberíamos escoger la monogamia por ‘lo que digan los demás’ al igual que tampoco deberíamos escoger la promiscuidad y/o el poliamor por ‘ser muy transgresor’. Si optamos por uno o por otro, será porque entendemos nuestra vida y nuestra existencia de ciertas formas que concuerden con nuestras elecciones. En caso de cometer un error, y optar por algo que no concuerda con nuestros valores, podremos cambiar, pero lo importante es siempre ser fiel a unx mismx. Sí que es ciertamente queer replantearse la forma o las formas de relacionarse con los demás e incluso poder llegar a la llamada anarquía relacional: romper con el sistema de dictados sociales en cuanto a las relaciones interpersonales y establecer los lazos tal y como ambas partes deseen en todo momento.

Aunque parezca que nos estamos desviando del tema, el ‘amor’ y la forma de amar, no sólo se nos impone desde la sociedad sino que impregna el 100% de nuestra existencia, y nuestra existencia es social. Es por ello que relacionarse (y la forma de) en nuestra sociedad es también hablar de nuestra forma de amar y de comprobar cómo construimos el amor, también dándole qué tipo de valor(es).

¿Existen formas de amar más válidas que otras? No.
¿Es la relación selectiva más válida que la promiscuidad o viceversa? No.
¿Es la monogamia más aceptable que el poliamor o viceversa? Pues tampoco.tin

Más que preocuparnos de quién nos valora y de qué forma lo hace, lo importante es respetar a lxs demás y exigir el respeto que nos merecemos por el simple hecho de ser personas con el derecho a vivir en una sociedad igualitaria y libre. Más que vivir subyugados al temor, a las vergüenzas o a los tabúes, debemos ser felices haciendo lo que hagamos siempre y cuando no se haga daño a lxs demás. ¿Y cómo conseguimos esto? Comunicándonos para adecuar nuestras relaciones a cómo las queremos: consensuando qué relaciones queremos con cada cual.

Vive y deja vivir. Ama y deja amar. Simplemente, sé feliz.
Sin tabúes, sin vergüenzas, sin miedos, sin represiones ni prejuicios.

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Un pensamiento en “Se acabaron los cuentos de hadas. Ni príncipes ni princesas

  1. Vaya. Lo de los personajes Disney y todos sus tópicos da para post aparte. Ahora que soy adulto (más o menos) me paro a analizar algunas de las pelis que veía de niño y ¡pánico!
    La Bella y la Bestia, con el síndrome de Estocolmo de Bella.
    La Cenicienta. El príncipe monta un baile para elegir esposa, como si fuese una feria de ganado.
    Blancanieves. Ella no hace nada, solo quedarse en coma. La acaba salvando un príncipe que sale de la nada pero claro, es el hombre el que tiene que salvarla. Otro tanto para la Bella Durmiente.
    Creo que mi preferida es La Sirenita. Voy a sacrifircar mi voz y todo mi modo de vida para cambiar mi físico para que un chico se enamore de mi. JODER. NO.
    Por suerte hay casos como las citadas Mulán, Frozen o Brave. Pero son los menos comunes o cuentos menos clásicos.

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