“Yo se de dónde vengo. Yo sé cómo he estado”, la canción de las identidades discriminadas

Para quien no conozca la canción “I know where I’ve been” (versión de Glee) sobre la que voy a hablar, ved primero el vídeo y luego leed el artículo:

La canción original fue cantada por “Motormouth” Maybelle por las calles de Baltimore, interpretada por Queen Latifah en el musical Hairspray, protestando por la segregación racial en EEUU. Teniendo ya una referencia luchadora contra el racismo/xenofobia y los prejuicios raciales, Glee ha conseguido traspasar de nuevo las barreras del activismo LGTB+ audiovisual. Puede haber personas que aún no conozcan la serie “Glee”, cuya historia se basa en un instituto de Ohio donde un grupo de alumnos se asocian para montar un coro de empoderamiento personal. En este coro, reivindican sus identidades y celebran sus diversidades individuales y colectivas, reforzándose los unos a los otros, generando redes de amistad (tan propias y cercanas al ecologismo, aunque ellas no lo sepan). Por mucho que pudiesen ser vistos como ‘los parias’ de su pequeña sociedad, son felices por ser quienes son y jamás renunciar(í)án a ser ellos mismos, porque construyen su discurso, porque se empoderan, porque logran hacer crecer diferentes redes interpersonales que les hacen indestructibles.bmowi4lfp

Pero, tratando el tema que nos concierne, ¿cómo ha conseguido Glee traspasar, como digo, las barreras del activismo audiovisual? Desde mi punto de vista, las discriminaciones siempre han ido de la mano porque se refuerzan entre sí: patriarcado, heterocisnormatividad, misoginia, homofobia, bifobia, transfobia (LGTB+fobia), racismo, xenofobia, gordofobia, discafobia (‘fobia’ contra la diversidad funcional). Evidentemente, si un ser humano reúne más de un factor diverso, será más discriminado que el que tenga menos factores de diversidad. Es decir, la persona más discriminada e invisibilizada para la sociedad será la mujer, lesbiana o bisexual, transexual, negra, no delgada, con diversidad funcional, porque reúne (¿casi? ¿qué hay de la diversidad de fe?) todos los factores de diversidad que aquí contemplamos. Pero a pesar de ello, puede existir empoderamiento y razones para soñar, creer y luchar por una sociedad y un mundo mejor, y es precisamente lo que demuestra Glee con su canción “I know where I’ve been”. ¿Cómo lo ha hecho? Como digo, las personas transexuales están entre las más discriminadas de nuestra sociedad. Si conocéis o habéis visto el vídeo, veréis como Glee ha conseguido reunir un coro de 300 personas transexuales hombres y mujeres que reivindican su ORGULLO TRANS, que se declaran insumisos, insumisas e inconformistas contra la transfobia y pueden y saben decir: ¡NO! ¡HASTA AQUÍ! Y entre otras formas de activismo, así también se puede construir historia.

Si cada persona se estudiase a sí misma, estoy prácticamente segura de que podría encontrar algo por lo que pueda ser discriminada, marginada y/o perseguida. Y en cierta forma, considero que la sociedad nos señala como sujetos de marginación potencial, es decir, que sea cual sea nuestra identidad y sea como sea nuestra forma de existencia, tenemos razones potenciales intrínsecas para ser marginados porque no cumplimos papeles y roles de género modélicos inasequibles y binaristas que nos ciñen a [hombre] y [mujer]. Yo personalmente, prefiero decir [cuerpo leído hombre] y [cuerpo leído mujer]. ¿Acaso lo que hay que hacer es ocultar todo rasgo de diversidad de nuestras personalidades? ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOOO!!!!!!!!!!!!!!!!! Precisamente todo lo contrario. Hay que celebrar la diversidad, hay que visibilizarla, hay que enorgullecerse de que cada persona es diferente y de que entre todas/os construyamos una sociedad progresivamente igualitaria y respetuosa entre todos los miembros de todas las sociedades, como por lo menos, debería ser.

No es que no podamos ser moderadamente felices de forma independiente. Pero desde mi punto de vista, si preferimos el individualismo, gastaremos excesivas energías en proyectos frustrados de competición propios del neoliberalismo para ser mejor que [inserte aquí cualquier sujeto con sus supuestas modélicas cualidades]. El ser humano, como ser social, podrá alcanzar la felicidad y la auto-realización mucho más fácilmente si trabaja y se esfuerza en proyectos colectivos que le motiven. Pero eso sí, en proyectos que sean abanderados del respeto (mejor si es respeto a los DDHH), sin jerarquías (con valores de horizontalidad y democracia), para generar igualdad que produzca en cada persona crecimiento personal, felicidad y orgullo, que incite a abrir la mente y a no dejar de aprender. Si el objetivo es ser más nosotras mismas y además felices y orgullosas, ¿cómo lo podemos conseguir? ¿Con miedo, vergüenza, tabúes, amenazas, intimidaciones…? ¿O lo conseguiremos con solidaridad, con sinceridad, con honestidad, con humildad, con redes de interdependencia y confianza? ¿O rechazando las normatividades que de roles y patrones que nunca llegaremos a ser? ¿O a base de no juzgar desde ‘posiciones de superioridad-inferioridad’ y fomentando el respeto hasta en la diversidad de pensamiento (siempre y cuando las formas de pensamiento no sean perjudiciales para los demás, justo al contrario que con los extremismos y las represiones totalitaristas de las identidades y de las existencias)? Y en este sentido, si llegamos a que todas las personas sean la mejor versión de sí mismas desde la igualdad y el respeto, llegaremos a una sociedad que será la mejor versión de sí misma desde la perspectiva social e interrelacional. Y para ello, la sociedad necesita que la gente rompa con sus barreras limitantes y genere fuertes lazos de comprensión, empatía y solidaridad.

Y como dice la canción “I know where I’ve been”, que puede interpretarse como “Yo se de donde vengo” y/o “Yo sé cómo he estado”, de ahí el título. (Casi) Todos/as nos hemos equivocado recurrentemente a lo largo de nuestra vida, hemos estado al borde del abismo por la discriminación o por la normatividad a la que nos han sometido, hemos mirado hacia el futuro y viendo sólo negro, nos hemos preguntado: ¿Realmente merece la pena? Pues sí y pues no. No merece la pena, merece una inmensa alegría. Y deberíamos desechar cualquier pensamiento negativo y volver a dar un paso hacia delante. Y donde era todo negro, empieza a haber un átomo de luz. Damos otro paso y donde había un átomo, aparece una molécula. De nuevo, volvemos a dar un paso y donde había una molécula, aparece una célula brillante. Seguimos caminando y ese punto de luz que comenzó siendo microscópico, acaba inundando nuestra vida al completo. Y cuando hemos crecido, terminamos por decir: “Por supuesto que mereció la pena. Hoy puedo luchar más y mejor contra el sufrimiento ajeno por las mismas razones por las que sufrí yo. Y no lo pienso permitir”. Y con una sonrisa, giras la cabeza y sigues caminando.

Es por ello, que el activismo, cuando se realiza correctamente, es generador de luz, es generador de alternativas, es algo que no debería subestimarse a la ligera. Porque, como decía Galadriel en El Señor De Los Anillos, “hasta el más pequeño puede cambiar el curso del futuro”, incluso aunque sea únicamente su propio futuro. Y yo, hoy, decido luchar.tin

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2 pensamientos en ““Yo se de dónde vengo. Yo sé cómo he estado”, la canción de las identidades discriminadas

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