Activismo LGTB+ vs. Activismo Queer y la evidencia de su complementariedad

bmowi4lfpCuando se habla de activismo, suele cómo no, utilizarse un binarismo (tan propio de nuestra(s) sociedad(es). Ya he hablado de otro tipo de binarismos en mis anteriores artículos). Suelen contraponerse abiertamente el activismo LGTB+ y el activismo Queer. ¿Por qué tanto enfrentamiento en dos formas de activismo que bien podrían ser complementarias? Y en la gran mayoría de ocasiones, hay activistas que únicamente reivindican el activismo LGTB+ y hay activistas que únicamente reivindican el activismo Queer. Desde mi punto de vista, esto es un claro error. Deberían aunarse las dos formas de activismo, contemplando las perspectivas individuales (que no individualistas) para conseguir la mayor objetividad, la mayor efectividad, la mayor concienciación y la mejor forma de activismo posible y plausible: el activismo Queer + el activismo LGTB+.

Pero, ¿en qué se diferencian el activismo LGTB+ y el activismo Queer? La principal diferencia, es que el activismo LGTB+ reivindica por encima de todo las etiquetas: “yo soy [introduce la etiqueta con la que te sientes cómodo/a]”. Al contrario, el activismo Queer busca reivindicar que todas somos personas, que todos somos seres humanos de una misma especie en igualdad, rompiendo con las etiquetas por ser meras palabras limitantes de las identidades por la diversidad intrínseca e individual de cada persona por sus miles de factores diversos. De ahí que se asocie tanto el activismo LGTB+ al ámbito de la comunidad, mientras que el activismo Queer a la individualidad y a la diversidad personal. Al igual que soy férreo activista LGTB+, también reivindico mucho el activismo Queer, porque soy de quienes creen que las luchas al juntarse, no se suman, se multiplican. Es por ello que centraré mi artículo en tres secciones: I. Sexo, II. Orientación sexual y III. Identidad de género, y desarrollaré cuales son las formas de activismo, desde cada una de las perspectivas por separado: activismo LGTB+ y activismo Queer.

I. SEXO:

En el sexo aún persiste mucha represión, no sólo por los órganos sexuales y su clasificación binaria, sino que además se le añade qué es sexual, qué no es sexual y qué es “lo que debería ser tabú” (como dije en mi artículo “La castración del ano: una práctica peligrosa“). ¿A qué nos referimos cuando hablamos de binarismo sexual? Cuando interaccionamos con otros seres humanos, encontramos generalmente cuerpos leídos hombres y cuerpos leídos mujer (aunque se encuentren cuerpos andróginos que a la sociedad le cuesta clasificar por su sexo y/o su identidad de género. ¿Pero por qué hay que clasificarles?). Siendo así, presuponemos que los cuerpos leídos hombres son machos (genitales masculinos) mientras que los cuerpos leídos mujeres son hembras (genitales femeninos).

66Esto es tránsfobo por la exclusión voluntaria o involuntaria de la posibilidad de que algunas personas con identidad de género mujer puedan tener pene y de que algunas personas con identidad de género hombre puedan tener vulva/vagina. Busquen realizar la reasignación si no la han hecho ya (transexualidad) o reivindiquen sus cuerpos sin reasignación porque así lo sienten (trasngeneridad), no es la sociedad la que debería exigirles ni un sexo, ni una orientación sexual ni una identidad de género determinadas. Pero alejándonos del binarismo sexual, encontraremos a las personas intersexuales y a las personas hermafroditas (véanse todas las definiciones AQUÍ).

Como hemos dicho, desde el activismo LGTB+ se reivindican las etiquetas, y por lo tanto, los sexos (siempre sin cisexismo). Es decir [soy macho y soy cisexual], [soy hembra y soy cisexual], [soy intersexual cisexual], [soy transexual y reivindico mi sexo (reasignado o no)], [soy transgénero y no siento la necesidad de operarme (siempre para su persona)]…  Visual of Man's BrainSe está reivindicando etiquetarse, sentir orgullo por lo que te define, empoderarse, romper con la discriminación y con la pasividad a la que nos invita la sociedad, lucirlo con orgullo, transgredir mentes cerradas… Sin embargo, el activismo Queer se pregunta: ¿quién es nadie para valorar que es lo que tengo entre las patas si lo importante es qué tengo entre las orejas? ¿Qué importa el sexo que tenga mientras sea buena persona, mientras tenga unos valores a los que no renuncio, mientras intente ser la mejor versión de mí mismo…?

El activismo Queer tiende mucho más a la transgresión que el activismo LGTB+ sin lugar a dudas. Y como tal, no hay necesidad de etiquetación, porque en la horizontalidad radical que se propone desde el movimiento Queer, nadie es quien para juzgarnos por cómo hemos nacido o si nos hemos reasignado o no. ¿Qué importa lo que hagamos con nuestro sexo, nos reasignemos o no? ¿Qué importará si utilizamos o no nuestro sexo con orgullo, sin juicios ajenos totalmente innecesarios? Es por ello, que si bien hay que empoderarse, estar orgulloso de ello y reivindicar la libertad sexual (activismo LGTB+), debemos también proclamar la horizontalidad extrema que impide la creación de jerarquías y fomentar discursos alternativos y transgresores contra la norma (activismo Queer).

II. ORIENTACIÓN SEXUAL:

La sociedad, como hemos dicho arriba, esta compuesta por terribles binarismos que aún son muy poderosos, lo que no significa que no puedan ser derrotados. Al principio, nos encontrábamos al sujeto hegemónico de la sociedad BBVAh (como dice Amaia Pérez en su libro “Subversión Feminista de la Economía”): blanco, burgués, varón, adulto, heterosexual. Pero cada vez más y pasito a pasito estamos consiguiendo que se acepte más la homosexualidad. Aunque claro, me refiero a la homosexualidad masculina, puesto que la homosexualidad femenina sigue profundamente invisibilizada y desempoderada (en términos generales), viéndose también como el objeto de deseo del hombre machista y desagradablemente patriarcal que pretende que las lesbianas hagan su pequeño “teatro” para él. A pesar de ello, debemos concienciarnos de que existen muchas más orientaciones sexuales. Esto NO SIGNIFICA en ningún momento que deban dejarse de lado las reivindicaciones gays o se deje de luchar por la realidad homosexual masculina, pero debemos ser conscientes de la invisibilidad de la homosexualidad femenina.

¿Dónde está la bisexualidad? ¿Dónde está la asexualidad o su rama demisexual? ¿Dónde está la pansexualidad? ¿Dónde está la llamada “anarquía relacional”? (Todas ellas definidas en mi glosario LGTB+). Romper el binarismo es, en cierto modo, atacar a la propia estructura clasificatoria de la sociedad, por lo que ésta intentará en muchos casos defenderse con prejuicios bífobos, pánfobos, asexófobos… Pero por ello no debemos lamentarnos, todo lo contrario. Debemos luchar con más fuerza si cabe, educando a la sociedad en la diversidad misma, contra la represión del binarismo impuesto, contra la libre exposición de los prejuicios como cuando a las personas bisexuales o a las personas pansexuales les recriminan que su orientación es temporal. Desde este punto: ¿Cómo actúa el activismo LGTBI+? ¿Cómo actúa el activismo Queer?tintin

Mientras que el activismo LGTB+ reivindica al máximo las etiquetas, el activismo Queer lucha contra ellas. Esto puede parecer contrario, pero más bien es complementario si en vez de plantear una lucha de conceptos, planteamos una comprensión por ‘etapas’ que veremos posteriormente. El activismo LGTB+ nos llama al orgullo y la reivindicación de nuestras etiquetas sin prejuicios ni estereotipos, siendo quien somos y SIN DUDAR de las identidades ajenas. Si nosotras expresamos abiertamente cómo somos, cómo nos sentimos y con qué etiquetas nos identificamos, debemos dar la libertad y la máxima seguridad para que otros seres humanos hagan exactamente lo mismo. El activismo LGTB+ escribe en letras muy grandes: LESBIANA, GAY, BISEXUAL… (Aunque peque también muchas veces de la invisibilización de otras orientaciones sexuales y de otras identidades de género). Sin embargo, el activismo Queer lucha contra las etiquetas, porque plantea que una palabra como es lesbiana, como es gay, como es bisexual, como es asexual… no recoge toda la capacidad de albergar a todas y cada una de las realidades de las personas que se identifican con dichas etiquetas. El activismo Queer contempla las diversidades individuales y como tal, las etiquetas son limitantes para dichas diversidades que, según el activismo Queer, quedarían reprimidas de identificarse únicamente con esa etiqueta. Somos quienes somos, y en horizontalidades radicales con respeto interpersonal, nadie juzga, ni presupone ni duda de las identidades ajenas, porque en última instancia, lo que más nos define es nuestro propio nombre impuesto y/o con el que nos identificamos (elegido).

III. IDENTIDAD DE GÉNERO:

Como en las dos anteriores, en las identidades de género también caemos en el binarismo de género, como a la sociedad le gusta. Por mucho que caigamos en los binarismos, esto no deja de ser un error puesto que un error repetido infinidad de veces no se vuelve un acierto. En este caso es aún más complicado ya que, si bien caemos en la imposición de identidades de género binarias [hombre] / [mujer], además éstos implican roles de género asociados que implican una jerarquía de “lo que es aceptable” y “lo que no lo es”. Que sí, que nuestra(s) sociedad(es) progresa adecuadamente, poco a poco mediante los esfuerzos de muchas personas que se dejan la piel por concienciar, visibilizar y promocionar la igualdad y el respeto, pero aún queda mucho trabajo.

tinComo hemos dicho antes, nuestra sociedad se basa en el discriminador y repugnante modelo BBVAh. Toda aquella identidad que no sea hombre, blanco, de clase media o alta, heterosexual, cisexual, con un rol de género de acuerdo a su identidad de género (masculino), sin diversidad funcional, sin diversidad de fe, será discriminado. Y como ya dije, cuantos más factores de diversidad, “más motivos” para ser discriminado. La mujer será discriminada. La persona no blanca, será discriminada. La clase obrera será discriminada (y posiblemente tomada por inculta). Las personas con identidades no heterosexuales serán tomadas por depravadas y viciosas. Las personas con identidades no cisexuales y/o cisgénero serán tomadas por enfermas. Las personas con roles de género diferentes a la norma serán tomadas por “mal educadas”, etc.

No sólo debemos reivindicar la diversidad de género dentro del binarismo (mujer transexual, mujer transgénero, hombre transexual y hombre transgénero) sino la diversidad de género fuera del binarismo clasificador y represivo (bigénero, genderqueer, intergénero…). Y por supuesto, según la expresión de género (cuerpos leídos hombres, cuerpos leídos mujeres y cómo se comportan: de forma femenina, de forma masculina, ambas…) y según la identidad de género, es impermisible exigir el cumplimiento de unos roles de género impuestos “porque es lo que te toca”. Si somos nosotras las que nos creamos expectativas de cómo alguien debería comportarse, vestirse, relacionarse… por su sexo, por su identidad de género o por su orientación sexual, somos nosotros los que debemos cambiar ‘el chip’ contra los prejuicios, los estereotipos y las clasificaciones.

En este caso y de nuevo, mientras que el activismo LGTB+ reivindica las etiquetas del género, el activismo Queer busca transgredir las normas socio-culturales construidas e impuestas porque las etiquetas son formas de opresión “demasiado limitantes”. Efectivamente, el activismo LGTB+ promociona el conocimiento de las identidades transexual, transgénero, intergénero, bigénero, genderqueer… y busca el máximo empoderamiento de todas las personas con su identidad de género binaria o no. “Lo malo” no es pertenecer al binarismo, sino imponer el binarismo como única posibilidad. Sin embargo, el activismo Queer busca la horizontalidad plena, el respeto absoluto desde la igualdad de todas las personas para todas las personas con sus identidades y sus roles de género. El activismo Queer, lucha contra las jerarquías y la discriminación desde las asambleas y la organización social, algo que en ocasiones, el activismo LGTB+ no cumple tanto. Y cuando sabes, que todas y todos somos plenamente iguales, no hace falta poseer el conocimiento de qué sexo, qué orientación y qué identidad de género tiene cada cual.

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Por todo lo dicho, entiendo el activismo LGTB+ y el activismo Queer totalmente complementarios, por las 3 etapas que existen en nuestra vida que al mismo tiempo, pueden solaparse:

  1. La etapa del empoderamiento: descubrimos nuestra identidad no heterocisnormativa y nos preguntamos por qué no somos “igual al resto”. Ésta una etapa de progresiva superación del miedo, vergüenza, tabúes, imposiciones y la normatividad. Es una etapa de aceptación de nuestra diversidad intrínseca en nuestra personalidad, de proclamarla, de reivindicarla, de visibilizarla, de un fuerte crecimiento personal (que se da toda la vida, pero a mi entender, más en esta etapa).
  2. La etapa de la comunidad y los referentes: teniendo nuestra identidad formada o progresivamente construida y nuestro paulatino empoderamiento, encontramos, nos comunicamos o nos relacionamos con otras personas no heterocisnormativas. Esto provoca más empoderamiento y descubrimos la felicidad de vivir libre y públicamente nuestras identidades. Además, encontramos referentes según “las personas que deseamos ser”: deportistas, actores, actrices, personajes públicos, compañeros y profesores, familiares… En general, la sociedad se ha quedado en esta etapa, creando individuos infelices por modelos de quién quieren ser y a los que casi con seguridad no llegarán nunca. Desde mi perspectiva, pocas personas a día de hoy se conciencian y son capaces de llegar a la tercera etapa.
  3. La etapa de la reafirmación en una misma y la superación de las etiquetas: esta es la etapa donde se introduce más profundamente el discurso queer. Tras haber construido una identidad fuerte, descubrimos que debemos ser nosotros mismos y que eso es precisamente lo que más felices nos hará. No tenemos que ser como, tenemos que ser nosotros mismos, con nuestras cualidades y nuestros defectos, intentando vivir nuestras existencias lo más igualitaria y respetuosamente posible. Ni siquiera nos debemos “parecer a”, simple y llanamente, ser nosotras mismas. Así, podremos superar unas etiquetas que tan necesarias fueron al principio, pero ahora nos resultan limitantes para nuestras pequeñas diversidades no recogidas por las etiquetas. Y al final, que únicamente nos defina nuestro propio nombre. Esto no implica que todo el mundo esté en la misma etapa o al mismo nivel, cada cual anda el camino de su vida lo mejor que sabe para intentar ser lo más feliz posible. Pero si establecemos redes de colaboración para que todo el mundo pueda llegar a esta tercera etapa, seremos mejores versiones de nosotros mismos, la sociedad será una mejor versión de sí misma y todos seremos muchísimo más felices.

Porque si lo reflexionamos bien, ser feliz cuesta muy poco ¿me equivoco?

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2 pensamientos en “Activismo LGTB+ vs. Activismo Queer y la evidencia de su complementariedad

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