Ejemplos de Vida: Ricardo Campos

Entrevista a Ricardo Campos: luchador, ecologista y un reflexivo críticofoto ricardo

1. ¿Quién es Ricardo Campos? ¿A qué te dedicas actualmente?
Me resulta difícil decir quién soy. Creo que las personas que me conocen tienen más criterio para hacerlo, pero para no decepcionarte diría que soy un escéptico optimista con un toque provocador y tendencia a la melancolía.

Desde hace 27 años tengo la suerte de dedicarme profesionalmente a la historia. En la actualidad trabajo en el Instituto de Historia del CSIC en Madrid e investigo sobre la historia de la salud pública y de la psiquiatría. En los últimos años buena parte de mis trabajos de investigación se han centrado en las relaciones entre la psiquiatría y el derecho durante los siglos XIX y XX y la construcción de la otredad y de la peligrosidad que esta representa para el sistema. En el fondo, lo que hago es meterme en las alcantarillas de la historia y mostrar como lo que consideramos normal y natural, no deja de ser social, cultural y claro está, político. En este sentido, llevo años junto a otras muchas personas que se dedican a lo mismo, mostrando el papel que la ciencia ha tenido y tiene en la naturalización de una realidad que justifica la desigualdad social.

2. ¿Has sido activista? ¿Has participado en algún partido político? ¿A qué has pertenecido o perteneces?
Desde los 14 años siempre, de una u otra manera, he estado participando en distintos tipos de organizaciones, movimientos y plataformas. Nunca he soportado la desigualdad, la injusticia social, la prepotencia, el autoritarismo ni la falta de libertad y desde el activismo he intentado aportar mi granito de arena y contribuir a transformar la realidad impuesta. Una de las mejores experiencias como activista que he tenido en mi vida fue el paso en la primera mitad de la década de 1990 por la Escuela Popular de la Prospe y la Escuela de Adultos de Palomeras Bajas (Vallecas). Allí daba clases de historia y geografía a mujeres que apenas sabían leer o escribir pero que tenían unas historias de vida impresionantes, de verdaderas heroínas. Y descubrí que había que conseguir que sus experiencias vitales, su discurrir cotidiano marcado por la pobreza y por intentar salir adelante en unas condiciones pésimas durante décadas, se convirtieran en relevantes para ellas mismas y que se empoderaran. Así que, en lugar de dar unas clases de historia al uso, lo que hice fue mostrarlas que sus historias de vida formaban parte de la “historia general” y que aunque no lo supieran habían contribuido muchísimo a la misma. Aquello funcionó y ellas que, al principio me miraban como a un chaval que sabía mucho de historia, acabaron siendo las protagonistas de la historia y yo fui su alumno. El lazo emocional que llegué a tener con ellas fue muy grande. Y les debo mucho en mi formación como persona y también como historiador.

En cuanto a mi participación política, he militado en dos formaciones. A los 15 años en plena transición (1978-1979) milité durante un año en las Juventudes Socialistas. Era un momento trepidante en la política del país. Fue una experiencia con un balance muy duro y amargo porque con 15 años te entregas a las causas con una enorme pasión y la “realidad” y mezquindad te pone delante cosas que no podías imaginar. Mi paso por las Juventudes Socialistas coincidió con el abandono del marxismo por parte del PSOE, que pretendía modernizarse para ganar elecciones, antes que transformar las cosas. Acabé enfrentado a mis mayores y a una parte de mis compañeros y decidí abandonar la organización antes de que me expulsaran. Mi breve y erróneo paso por esa organización (a todas luces no era mi lugar) tuvo no obstante consecuencias positivas. En primer lugar, me permitió relacionarme con gentes de diversas organizaciones sociales, políticas y sindicales, lo que amplió mucho mi visión del mundo. En segundo lugar, pude conocer desde dentro cómo funcionaba un partido político vertical y autoritario y tomar conciencia de mi rechazo hacía ese tipo de organizaciones. En tercer lugar, lo mejor de todo fue que el abandono de la militancia política me abrió la posibilidad de poder relacionarme y participar libremente con las causas que consideraba justas sin tener que seguir los dictados de nadie, ni intereses cortoplacistas y desmovilizadores de las organizaciones políticas. Muchos años después, tras pasar por diversas luchas y movimientos, volví a militar en una fuerza política (pese a que me había jurado en 1979 no volver a hacerlo). Ingresé en EQUO y milité entre junio de 2011 y marzo de 2015. Falté a mi “juramento” porque me pareció que se abría una posibilidad de crear una fuerza política claramente ecologista y anticapitalista que defendiera.

Principios básicos en los que creo, como son la horizontalidad, la radicalidad democrática, el asamblearismo, el feminismo LGTBI+, la igualdad y la justicia medioambiental y social, la defensa de los derechos de los animales y de la naturaleza y algo fundamental para mí: la propuesta de un modelo económico no extractivista, ni productivista. Mi experiencia fue muy positiva porque tuve ocasión de trabajar con mis compañeras de viaje en una gran cantidad de temas y además formarme y profundizar en muchas cuestiones que me interesan y conocer gente estupenda. Mi abandono se produjo como consecuencia de la deriva que tomó el partido entre diciembre de 2014 y marzo de 2015 en la Comunidad de Madrid. Sin embargo, a diferencia de mi lejana y juvenil experiencia política, sigo conservando muy buenas amigas dentro de EQUO con las que mantengo excelentes relaciones personales.

Pero como soy inquieto y tengo el defecto de querer cambiar las cosas y negarme a creer que son como son y punto, pues sigo trabajando en esa dirección. En estos momentos participo activamente en un huerto social, PLANTATE, en el barrio de El Bercial en Getafe, soy integrante de Ecopolítica, espacio maravilloso para debatir y construir ideas sin la presión del “realismo” político, formo parte del Club de Lectura Petra Kelly, y hace muy poquito que también participo en el punto informativo de Som Energía de Getafe. También mantengo relaciones con un pequeño grupo político municipalista, Alternativas desde Abajo (AdA Getafe). Me interesan mucho las actividades que se basan en la autogestión y que generan espacios de autonomía.

3. ¿Qué dirías que has aprendido de tu activismo? ¿Crees que el activismo es un medio efectivo para cambiar la sociedad?
Lo más importante del activismo es que rompe el aislamiento al que el sistema quiere someter a los individuos. Esa ruptura, esa negación que consiste en ponerse a hacer cosas con otras personas con el objetivo de transformar aspectos de la “realidad” o la “realidad” completa nos muestra con enorme claridad que los seres humanos somos gregarios y que necesitamos a la comunidad para sobrevivir y para llevar a cabo proyectos emancipadores. En este sentido, me parece fundamental, pese a todos los problemas que puedan surgir, el papel empoderador que puede tener el activismo al decirle claramente al discurso oficial: aquí estamos, no nos creemos lo que nos decís y lo queremos cambiar de arriba abajo. Por supuesto que creo que el activismo es un medio para cambiar la sociedad. Pero ojo, para que el activismo realmente cambie la sociedad ha de ser horizontal, asambleario, autogestionario, igualitario, feminista, ecologista, no heteroCISsexista y anticapitalista. Ha de ser creador de tejido social, de espacios de autonomía autogestionados y desmercantilizados y no confiar en las instituciones, ni en la representación, ni en la delegación. Y tienen que servir también para ver el mundo con gafas distintas a las que te colocan cuando naces.

4. ¿Qué importancia tiene para ti el ecologismo? ¿y la creación y el mantenimiento de redes saludablemente ecologistas?
El ecologismo tiene toda la importancia. Podemos ofrecer maravillosas políticas económicas y sociales que no tienen ningún sentido si no están insertadas en un marco claramente ecologista. ¿De qué sirve hablar de políticas redistributivas y de justicia social si no se tienen en cuenta el cambio climático y los límites naturales del planeta? No estamos para bromas. Estamos en una crisis sistémica que tiene un elemento fundamental que la mayoría de las ideologías y regímenes políticos no toma en consideración: que nuestro planeta está en un punto de transformación, el cambio climático, que convierte todo en agua de borrajas. Pero además hay otra cuestión que va unida a la anterior. El planeta tiene unos límites, los hemos superando y seguimos funcionando como si no pasase nada. El ecologismo, me da igual que sea en su vertiente política o social, es fundamental en este panorama porque aporta una visión global de la que carecen otras opciones. Introduce cuestiones esenciales como son los cuidados, el reparto del trabajo, la justicia medioambiental, el decrecimiento, el cambio de modelo energético. Pero ojo, dentro del ecologismo hay quienes sostienen que el capitalismo es reformable, que se puede optar por un capitalismo verde. Creo que es un error y que es un callejón sin salida porque asume la explotación de los seres humanos, el patriarcado y la fe ciega en las soluciones científico técnicas. Las noticias sobre avances tecnológicos maravillosos como que llega el coche eléctrico definitivo y no sé qué, me producen risa y enfado. Esa fe ciega en la tecnología como salvadora del mundo es más de lo mismo y ayuda a ocultar los verdaderos problemas que padecemos y las posibles soluciones que podríamos buscar. ¿De qué sirve, por continuar con el ejemplo del coche fantástico eléctrico, llenar las calles de ese artilugio? ¿Nadie se pregunta que para fabricarlos hay que seguir consumiendo enormes cantidades de agua, plástico y materias primas? Deberíamos preguntarnos qué tipo de ciudades queremos, si es lógico trabajar y vivir a 20, 50 o 100 km de distancia. Por ahí empezaríamos a cuestionar de verdad el sistema. Es más deberíamos cuestionar la terminología impuesta por el neoliberalismo. Denunciar la patraña de palabras como competitividad, producción, eficiencia y demás mentiras que ocultan la explotación brutal del planeta y de las personas.

5. ¿Qué perspectiva tienes del anarquismo? ¿Cómo ha influido el movimiento en tu realidad?
El anarquismo, desde mi punto de vista, es una de las primeras corrientes de pensamiento moderno que introduce una feroz crítica al poder, poniéndolo en cuestión, estrechamente vinculada a la lucha contra el capitalismo. El claro deseo de emancipación de los seres humanos está en su origen, en el siglo XIX. Su posterior evolución histórica ha ahondado en estos aspectos, incorporando cuestiones muy interesantes. Dos de ellas me parecen fundamentales, el feminismo (impresiona ver los aportes de las mujeres anarquistas a su liberación y empoderamiento en las décadas de 1910 a 1940) y el interés por redefinir las relaciones con la naturaleza, haciendo propuestas que se alejan del antropocentrismo. No quiero decir que el anarquismo como bloque (aunque dudo que exista tal bloque) haya optado por este camino, pero si lo han hecho muchos grupos y militantes, contribuyendo a alimentar e impregnar otras opciones. Creo que sería importante establecer lazos profundos en determinadas luchas e iniciativas entre anarquismo, ecologismo, feminismo y movimiento LGTB+ pues, a pesar de las diferencias, existen elementos que pueden hacerles converger.

6. Juntando ambas, ¿qué podrías decir del ecoanarquismo? ¿Y del ecosocialismo? ¿Cuál te representa (más)?
Si te digo la verdad ninguna de estas etiquetas me representa. Me considero activista del ecologismo social y la etiqueta me importa poco. Lo importante es hacer cosas que transformen la realidad y que ahonden en el cambio de sistema económico y social. Del anarquismo me quedo sin lugar a dudas con la impugnación del poder y la idea de crear espacios propios, autónomos. Me interesa mucho lo que aporta el feminismo a esta lucha. El cuestionamiento de las relaciones de poder que pone sobre el tapete es muy profundo y por eso resulta muy incómodo pero al mismo tiempo emancipador. Nos obliga, especialmente a los hombres a mirarnos en el espejo y preguntarnos muchas cosas todos los días. Es incómodo, sí, pero también liberador.

7. ¿Dirías que los movimientos sociales han trascendido a la política? ¿Qué peso crees que tiene el 15M en nuestra actualidad?
No estoy muy seguro de que la hayan trascendido, más bien parece que su peso ha aumentado y que la política partidista e institucional se fija más en ellos. Pero no estoy muy seguro de que lo hagan en serio. Da la sensación de que el poder político y económico intenta hacerse los simpáticos con los movimientos sociales pero creo, que en el fondo los rechaza porque en una situación de crisis sistémica como la actual le afean la conducta, le sacan los trapos sucios y los cuestionan. El poder político y económico no ha entendido la realidad en la que nos movemos desde el inicio de la crisis porque lo reduce todo a paradigmas muy trillados y no es consciente o no quiere serlo de que no estamos ante una crisis clásica de las muchas que ha tenido el capitalismo. Estamos inmersos en una crisis sistémica, en la que un escenario más que posible es el colapso.

Por otra parte, veo con preocupación que los movimientos sociales de nuestro país nutren, en los últimos años, las filas de los partidos políticos que se dicen transformadores con el consiguiente riesgo de ser devorados por éstos y de quedar reducidos a meras correas de transmisión de determinadas fuerzas políticas. Durante la transición, el movimiento vecinal de este país, que era muy potente y bastante rico en ideas, quedó descabezado a partir de las elecciones municipales de 1979, cuando muchos de sus líderes entraron en las listas electorales y acabaron siendo concejales. La consecuencia fue que una parte sustancial de ese movimiento acabó entregado al clientelismo político de las fuerzas de izquierda que ganaron aquellas elecciones. La cuestión, no resuelta, es como incidir desde los movimientos sociales en la política sin ser devorados por ésta, mantener la independencia y plantar cara cuando se cometan barbaridades o se lleven a cabo políticas injustas, provengan de donde provengan. Un tejido social fuerte y autónomo es imprescindible para transformar este mundo. En este sentido, la PAH me parece un ejemplo, no el único, muy interesante.

El 15M ha tenido una importancia sustancial. Ha contribuido, sin duda, a introducir muchísimos temas en el debate político. Sin embargo, creo que una parte ha sido absorbida por algunas fuerzas políticas “emergentes” con la consecuencia de su desmovilización. Lo más interesante del 15M son las iniciativas que han surgido en el terreno social, que han dado frutos palpables. En la actualidad el 15M tiene visos de convertirse en un referente del imaginario de mucha gente pero me temo que ha perdido mucho peso real porque al final de lo único que se habla constantemente es de reformar o cambiar el régimen político, olvidando que estamos metidos hasta el cuello en una crisis sistémica y que la transformación del régimen político no soluciona gran cosa. No obstante, creo que hay un 15M subterráneo, que trabaja con sus iniciativas en la transformación del sistema y que las ideas e iniciativas que promueven siguen presentes y quizá surjan con fuerza cuando veamos que el camino de la reforma del régimen es un callejón sin salida.

8. ¿Qué concepto tienes de felicidad? ¿Por qué crees que un mundo más diverso e igualitario nos haría más felices?
Muy sencillo: el del goce que puedo sentir en momentos concretos. Cuando leo un libro o escucho un disco que me gusta, cuando hablo y debato con mis amigas y amigos, cuando disfruto con personas que quiero, cuando doy un paseo, cuando a alguien a quien quiero le ocurre algo bueno, cuando hago senderismo, monto en bicicleta, contemplo un bello paisaje. Todo esto son momentos de felicidad o de goce que le dan sentido a muchas cosas.

Un mundo más diverso e igualitario nos haría más felices porque tendríamos, más allá de la condición trágica del ser humano, la posibilidad de tener más momentos de goce y de cariño hacia las personas, la naturaleza y los animales. Dar cariño y recibirlo me parece que es el manantial que surte los momentos de felicidad.

9. En nuestra sociedad actual, ¿dónde encuentras las oportunidades de seguir desarrollando tu ideología?
En el activismo social, sin duda. Pero en un activismo social que sea crítico, que no se doblegue ante ninguna fuerza política, ni ante las supuestas necesidades de la “realidad” y de la estrategia cortoplacista que generalmente impregna la política.

10. Reflexionando sobre nuestro presente, ¿cómo crees que van a ser los próximos 10 años en España?
Pues me resulta muy difícil imaginármelo. Hay elementos que indican que dentro de 10 años lo más probable es que vivamos en una sociedad muy autoritaria, muy desigual y extremadamente destructora de la naturaleza, pero con una apariencia democrática. Por otro lado, hay otros elementos que parecen abrir la puerta hacía una sociedad más abierta, rica social y culturalmente hablando, fuertemente igualitaria antipatriarcal, y mucho más consciente de la necesidad de preservar el planeta, menos productivista . Todo dependerá de cómo seamos capaces de hacerlo en los próximos años. No sólo aquí sino en todos lados.

11. Y por último, ¿cómo dirías que sobrevives al día a día? Si tuvieses que dar un único mensaje a la humanidad, ¿cuál sería?
Sobrevivo con humor e ironía que son las medicinas que impiden que caiga en la melancolía pura y dura. No daría ningún mensaje a la humanidad. No soporto a los mesías.

Muchas gracias por la entrevista.

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