Adolescencias retardadas y juguetes rotos

Desde pequeños, muchos y muchas hemos crecido en una burbuja maravillosa de felicidad inconsciente e irresponsable en la que no tenemos que pensar demasiado. Nuestras preocupaciones no suelen ir más allá de seguir la misma rutina que todo el mundo, ya sea colegio, instituto, academias, deportes, etc. Tras la infancia, llega la adolescencia que es  un proceso fundamental en la que todo lo que creíamos establecido se verá confrontado, tendremos conflictos y deberemos resolverlos, es decir: deberemos hacer frente al proceso de maduración. Un proceso que no será difícil a nivel general, sino que dependiendo de quién seas, con quién te juntes, dónde hayas nacido o con quién te identifiques podrá suponer un incremento exponencial.

Está ampliamente estudiado y documentado que esta maduración es bastante más complicada en la población LGTBI+. Es entonces, para nosotres como comunidad, cuando debemos hacer frente a todos los mensajes contrarios a nuestras identidades, negando quienes somos y/o lo que nos atrae, controlando nuestra apariencia y nuestra forma de actuar, poniendo rejas a nuestra libertad. Y mientras que hay muchas personas cis-hetero (y en bastante menor medida personas LGTBI+) que, junto con un amplio apoyo institucional y social consiguen superar estos desafíos, muchas otras personas quedamos ancladas a conflictos no resueltos que nos lastran. El único resultado que produce esto es una maduración incompleta, que a medida que creces, suma complejos de identidad, complejos de inferioridad, vergüenzas, miedos, y te reduce al mínimo exponente. Sigue leyendo

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